
Este ícono, realizado por la hermana benedictina Paula Howard, se inspiró en un mural del Monasterio de Mount St. Scholastica en Atchison, Kansas. La fiesta de santa Escolástica se celebra el 10 de febrero. (Foto: cortesía Hermanas Benedictinas de Mount St. Scholastica)
Como hermana benedictina, santa Escolástica siempre ha tenido un papel importante en mi vida. Al igual que a muchos de mis contemporáneos, me encanta la historia contada por san Gregorio Magno, quien dice que Dios escuchó la oración de Escolástica porque ella amó más. Para quienes no conocen esta historia, aquí la resumo brevemente.
Benito y Escolástica, hermanos de sangre (algunas tradiciones dicen que eran gemelos), se reunían una vez al año en una casa de huéspedes situada entre sus dos monasterios. En esos encuentros oraban juntos y mantenían conversaciones espirituales. En una de esas ocasiones, cuando llegó la hora de partir, Benito se dispuso a marcharse, pues la regla de su monasterio le prohibía pasar la noche fuera. Sin embargo, Escolástica quería que se quedara para seguir conversando, así que oró para que no pudiera irse. De repente, estalló una tormenta tan fuerte que le fue imposible marcharse. Sorprendido, Benito exclamó: "Hermana, ¿qué has hecho?". Ella respondió: "Te pedí que te quedaras y no quisiste. Entonces oré a Dios, y Él respondió a mi oración". Esto llevó a san Gregorio Magno a decir que Dios escuchó su oración porque ella amó más.
"Nuestro mundo necesita personas capaces de mirar más allá de las normas y de lo tradicional. Las mujeres suelen ser esas personas. Escuchan con el oído del corazón, con compasión en lugar de juicio": Hna. Helen Mueting
Pero, ¿qué significa realmente decir que ella amó más? Para mí, significa que valoraba más las relaciones que las normas. Su relación con Dios y con su hermano era más importante que una regla monástica. Las normas tienen su lugar, pero nunca deben estar por encima de la presencia, el encuentro y el amor. Dios respondió a su oración porque entendió qué era lo más valioso: las reglas pueden seguirse, pero nunca a costa de las relaciones.
Esta historia me sirve de recordatorio cuando siento que debo dedicar más tiempo al trabajo en la oficina o terminar alguna tarea. Si alguien entra a mi oficina para hablar conmigo, necesito detener lo que estoy haciendo: ya sea editar, escribir o cualquier otra cosa. Incluso si interrumpe mis pensamientos o retrasa la finalización de un texto, debo prestar atención plena a la persona que llega. Si no lo hago, le estoy diciendo que mi trabajo es más importante que ella. Tal vez solo se quede unos minutos o tal vez una hora, pero el trabajo seguirá allí cuando termine. (A menudo, he descubierto que el trabajo es más fácil de completar cuando me doy un respiro antes de retomarlo).
Existe un dicho atribuido al general Douglas MacArthur que dice: "Las reglas están hechas para romperse". Esta frase puede interpretarse de distintas maneras, pero para mí significa que, en ocasiones, necesitamos apartarnos de las reglas. Si seguimos siempre las mismas normas, rutinas y caminos, no hacemos espacio para lo nuevo. Nuestras perspectivas se amplían cuando nos atrevemos a desafiar lo establecido. Si nunca nos desviamos de lo que 'siempre ha sido así', no avanzamos, no descubrimos nuevas rutas ni obtenemos nuevas perspectivas.
Nuestro mundo necesita personas capaces de mirar más allá de las normas y de lo tradicional. Las mujeres suelen ser esas personas. Escuchan con el oído del corazón, con compasión en lugar de juicio. Perciben lo que hay más allá de las palabras y están abiertas a seguir el camino que eso les indique.
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Tal vez Escolástica intuía que moriría en pocos días y que nunca volvería a compartir con su hermano de la misma manera. O quizá sentía que su conversación aún no había terminado y que esperar otro día haría que se perdiera la intensidad del momento. Creo que ella comprendió que su relación en ese instante era más importante que asegurarse de que su hermano regresara al monasterio. Tal vez también sabía que sus palabras podían inspirar algo nuevo en él, abrirlo a una visión diferente de la vida monástica. O quizás confiaba en que las palabras de su hermano podrían provocar un crecimiento espiritual en ella y ayudarla a profundizar en su relación con Dios.
En esta fiesta de santa Escolástica (10 de febrero), pidamos que ella nos inspire a ser personas de fe y amor, dispuestas a arriesgarnos a romper reglas cuando sea necesario para que algo mejor pueda suceder; que nos ayude a discernir entre seguir las normas y responder con amor a los desafíos que Dios nos presenta.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente en inglés el 8 de febrero de 2024.