La transfiguración de Jésus, óleo de Peter Paul Rubens, 1605. (Foto: Wikimedia Commons/obra de dpominio público)
Nota de la editora: Global Sisters Report en español presenta Al partir el pan, una serie de reflexiones dominicales que nos adentran al camino de Emaús.

«Ocho días después de estos discursos, tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura. De pronto dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron gloriosos y comentaban la partida de Jesús que se iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.C uando estos se retiraron, dijo Pedro a Jesús: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres chozas: una para ti, una para Moisés y una para Elías (no sabía lo que decía)". Apenas lo dijo, vino una nube que les hizo sombra. Al entrar en la nube, se asustaron. Y se escuchó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo elegido. Escúchenlo". Al escucharse la voz, se encontraba Jesús solo. Ellos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto» (Lc 9, 28b-36).
En este tiempo de Cuaresma se nos presenta este pasaje de la transfiguración, previo a los acontecimientos trágicos que van a suceder con la muerte de Jesús. Posiblemente es una manera de invitarnos a no decaer en el momento de la dificultad, porque a este Jesús, al que van a matar, Dios lo ha declarado su elegido y nos pide escucharlo. No podemos dejar de escucharlo cuando llega la prueba, cuando parece que la propuesta del Reino de Dios que él anuncia va directo al fracaso.
"El Evangelio nos adelanta la gloria que esperamos con Jesús, pero nos señala el camino que hay por recorrer: seguir al hijo amado, escuchándolo. En la Iglesia sinodal, la escucha es una de las actitudes fundamentales": teóloga Consuelo Vélez
En el pasaje, como en muchos de Lucas, se nos presenta a Jesús en actitud de oración. Los discípulos, por el contrario, duermen. Pero al despertar, ven a Jesús con Moisés y Elías, grandes profetas del Antiguo Testamento. La conversación versa sobre lo que acontecerá en Jerusalén. Los discípulos se sienten reconfortados y quieren permanecer allí, de ahí la petición de Pedro de hacer tres tiendas y quedarse en ese lugar.
Pero la visión desaparece y se revela lo que verdaderamente importa. Jesús es el profeta de la nueva alianza, ya no hay necesidad de más profetas y es a Él a quien hay que escuchar. De alguna manera, los frutos de esa visión se concretan en el reconocimiento de Jesús como 'el' profeta.
La tarea que queda es la escucha. Mantener la escucha para mantener la fidelidad. Escuchar para poder comunicar el querer de Dios.
El Evangelio, por lo tanto, de alguna manera nos adelanta la gloria que esperamos con Jesús, pero nos señala el camino que aún hay por recorrer: seguir al hijo amado, escuchándolo.
Cabe señalar que en la Iglesia sinodal que estamos empujando en la actualidad, la escucha es una de las actitudes fundamentales. Reforcemos esta actitud para contribuir a hacerla posible.