El peligro no nos hizo salir de Perú

En el patio de la iglesia en Cambio Puente, la gente espera a que le hagan un examen de la vista; una mujer, a la derecha, está leyendo una tabla optométrica colocada en un árbol que señala el Dr. Jaime Matos. (Martha A. Kirk)

"Estos son nuestros mártires," dijeron nuestras Hermanas del Verbo Encarnado en Chimbote, Perú, al mostrarnos una imagen de tres sacerdotes a cuya ceremonia de beatificación asistieron el pasado 5 de diciembre. Estos sacerdotes, el Padre Micael Tomaszek y el Padre Zbigniew Stralowski, Franciscanos originarios de Polonia, y el Padre Alessandro Dordi, de Italia, fueron asesinados por el grupo terrorista Sendero Luminoso, en 1991.

Yo estaba en mi quinto viaje a Perú como maestra de la Universidad del Verbo Encarnado, en San Antonio, Texas, para hacer una conexión entre los estudiantes y el cuerpo docente de la Universidad con las realidades en Chimbote, donde nuestras Hermanas empezaron a trabajar después de que el Papa Juan XXIII les pidió a las religiosas de Estados Unidos que fueran a América del Sur para ayudar a responder a sus necesidades.

En la década de 1950s, Chimbote había sido una zona turística popular y un próspero puerto pesquero. Las cosas cambiaron cuando miles de indígenas llegaron ahí buscando una vida mejor. Algunos consiguieron trabajo en las fábricas de harina de pescado, pero estas al paso del tiempo, causaron pua pesca excesiva. Además las fábricas contaminaron el aire, el agua y la tierra. Ahora Chimbote es una de las ciudades más pobres y más contaminadas del país. Tiene aproximadamente 400,000 habitantes, muchos de los cuales no tienen acceso a servicios como el agua, drenaje y electricidad. Según el Worldwatch Institute, la expectativa de vida en Chimbote es unos diez años menos que el promedio nacional en Perú.

Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, que anteriormente fue maestro de filosofía a nivel universitario en Ayacucho, dijo que quería ayudar a los pobres. Enseñaba que la violencia y el terror eran la única forma de destruir al sistema de gobierno de Perú e introducir un nuevo modelo comunista. Empezaron a lanzar bombas y a asesinar en 1980. Los trabajadores de la Iglesia, que trataron de proteger a la gente o que apoyaban enfoques no violentos para el cambio, se consideraban enemigos.

Los sacerdotes mártires estaban trabajando entre los pobres y trataban de enseñar la paz. Nuestra Hermana Grace O'Mara, que habló activamente en favor de la paz, recibió una amenaza de muerte por parte de los terroristas. S. Rita Prendergast hizo esta reflexión: "Los métodos violentos de los terroristas ocultaron sus demandas de que querían ayudar a los pobres". S. Sarah Lennon afirmó: "A menudo, quienes trabajaban por la paz y la justicia quedaban atrapados entre los terroristas y las fuerzas del gobierno."

Recuerdo que a finales de la década de 1980 hubo informes sobre los miles de personas que eran asesinadas en Perú. Algunas de nosotras les decíamos a nuestras Hermanas que estaban en Perú: "Regresen a casa, a Estados Unidos y a México. Pueden trabajar en ministerios acá. No queremos que mueran en Perú. Las Hermanas del Verbo Encarnado pueden tener ministerios en otros lugares."

El 9 de agosto de 1991, los dos Franciscanos fueron asesinados en un pueblo que no está muy lejos de Chimbote. S. Rosaleen Harold había colaborado en proyectos diocesanos con el Padre Dordi. Él fue asesinado 16 días después y los terroristas dejaron un letrero sobre su cuerpo: "Así es como mueren los que hablan de la paz."

Dos meses después, nuestras Hermanas se reunieron en una asamblea especial en Perú para discernir lo que debían hacer ya que más personas habían sido asesinadas. Recordaron cómo las seis primeras Hermanas habían iniciado su ministerio en Perú en 1964 en el campo del cuidado a la salud, la educación y acompañando a los más vulnerables. Abrieron el Centro Santa Clara donde ofrecían servicios médicos básicos y recibían a cientos de personas enfermas cada semana durante las numerosas epidemias de cólera, tifoidea y fiebre amarilla. En 1982, las Hermanas extendieron su misión a Cambio Puente, una zona rural cercana donde ayudaron a proteger los derechos de los granjeros y desarrollaron programas de catequesis y alfabetización, capacitaron a promotores de salud, abrieron centros para alimentar a los necesitados y promovieron otros servicios.

Tres años más tarde, las Hermanas comenzaron una misión entre los indígenas de habla aymara en la zona de Puno en los Andes. Las Hermanas acompañaron a los discapacitados, realizaron un ministerio en las prisiones y promovieron la educación religiosa. En 1988, las Hermanas empezaron ministerios en sectores de Lima pues abrieron casas para recibir y dar clases a las jóvenes peruanas que deseaban ser religiosas, y a personas laicas que querían ser Asociados de la Congregación.

En la década de 1980, cuando la Congregación ya se había arraigado con más firmeza en Perú, el grupo terrorista Sendero Luminoso se estaba extendiendo. Finalmente, Guzmán fue capturado y encarcelado en 1992. Aproximadamente 70,000 fueron asesinadas durante 20 años de conflicto en Perú. En 2003, la  Comisión Peruana de Verdad y Reconciliación informó que aunque el gobierno respondió con violencia excesiva y aunque existían otros grupos terroristas, Sendero Luminoso, bajo la dirección de Guzmán, asesinó aproximadamente a 37,800 personas.

Las Hermanas Sofia, Lourdes, Mirella, Leonila e Hirayda. (Martha A. Kirk)

S. Juanita Albracht dijo que cuando Guzmán estaba en prisión, el Padre Jack Davis, un buen amigo de nuestras Hermanas en Chimbote, fue a hablar con él. El Padre le preguntó por qué habían asesinado a los sacerdotes. Guzmán respondió: "Debido a su fe; estaban enseñando sobre la paz". S. Grace O'Meara explicó que los Senderistas creían que la violencia era esencial en el proceso revolucionario y que la religión era "el opio del pueblo."

A pesar de los peligros, nuestra Congregación decidió no abandonar su misión en Perú. Las Hermanas que estaban allá dijeron que si se alejaban de la gente, tal vez nunca tendrían la oportunidad de regresar.

Si hubiéramos permitido que el peligro alejara a las Hermanas de Perú, ¿cuál habría sido la diferencia?

En la zona de los Andes, no habría líderes pastorales en las 150 comunidades pequeñas que hay en su parroquia, donde solo hay un sacerdote. Nuestra primera Hermana peruana, Hirayda Blácido instruyó y motivó a estos líderes.

El Hospicio Santiago Apóstol, el primer hospicio para atender a pacientes con enfermedades en etapa termina en América Latina, que nuestras Hermanas abrieron en 2002, no estaría brindando un enfoque holístico a la atención espiritual y física a los pacientes, ni ofrecería ayuda a sus familias. Actualmente, S. Mirella Neira es la administradora del programa del hospicio que ofrece atención a los pacientes en sus casas y en el centro residencial.

Si nuestras Hermanas hubieran salido de Perú, aproximadamente 31,000 personas no habrían recibido los servicios del Sistema de Salud del Verbo Encarnado en Perú, solo el año pasado. S. Lourdes Gómez, que es psicóloga y trabaja en la efectividad de la misión, guía a más de 70 colaboradores en la clínica y en el hospicio, con el espíritu y los valores de nuestra Congregación. También es la coordinadora de nuestras Hermanas en Perú. S. Sofía Mamani, que canta hermosamente en la lengua quechua, su idioma nativo, está estudiando terapia física.

En la zona de Lima, S. Mary Luz Cayo no sería maestra de niños pequeños en la Escuela San Víctor en Comas. Nuestra pre-novicia, Carol Velarde Flores, no estaría asistiendo al programa inter-congregacional donde estudian hombres y mujeres de más de 20 congregaciones. S. Katty Huánuco no estaría aplicando sus extensas habilidades en el campo de la comunicación y su pasión por la justicia como directora de nuestra oficina Internacional de Justicia, Paz e Integración de la Creación. Y no tendríamos la oportunidad de estar orgullosas de S. Pilar Neira, que es la secretaria ejecutiva de CONFER, la organización nacional peruana de religiosos y religiosas.

Si nuestra Congregación hubiera permitido que el peligro nos alejara de Perú, no tendríamos Hermanas del Verbo Encarnado y Asociados laicos peruanos; no habría misioneros laicos de Estados Unidos, Irlanda o México trabajando como voluntarios durante uno o dos años en Perú, ni más de 70 colaboradores laicos trabajando con ellos en el Centro de Servicios de Salud Integral Santa Clara y en el Hospicio Santiago Apóstol.

Si nuestras Hermanas hubieran salido de Perú, los 21 miembros de nuestro grupo universitario internacional de servicios de aprendizaje, patrocinado por el Centro Ettling de Liderazgo Cívico de la Universidad del Verbo Encarnado y por Women's Global Connection (Conexión Global de Mujeres), no habrían tenido la oportunidad de estar recientemente en Perú. Compartimos talleres son educadores especializados en primera infancia y con mujeres que están tratando de desarrollar negocios pequeños. Recibimos información sobre colaboraciones en los campos de farmacología y nutrición en el futuro. Ayudamos a ofrecer servicios de optometría a más de 400 adultos y niños, muchos de los cuales nunca habían tenido anteojos.

Les ayudamos a ver mejor, pero además, ellos nos ayudaron a ver más de la belleza del rostro de Dios que el peligro no puede ocultar.

Las Hermanas Mary Luz, Hirayda, y Sofía, al frente, con el micrófono, celebrando los 25 años de presencia misionera en Huancané, en la zona de los Andes, en 2010. (Cortesía de los Archivos de las Hermanas del Verbo Encarnado)
Traducido por Graciela de la Luz Frisbie y Rodríguez

[Martha Ann Kirk, CCVI, que es miembro del Comité Internacional de Justicia, Paz e Integridad de la Creación, del Verbo Encarnado, está escribiendo ahora sobre la experta en danza sagrada, Carla De Sola, en la Graduate Theological Union [Unión Teológica a Nivel Posgado] en Berkeley, California. Recientemente, Kirk escribió Iraqi Women of Three Generations: Challenges, Education, and Hopes for Peace (Mujeres Iraquíes de Tres Generaciones: Retos, educación y Esperanzas de Paz), que se basa en sus exposiciones.]